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lunes, 21 de abril de 2014

“Mañana temprano… otra vez”.

            " Es ya mediodía, momento en que la frontera cierra para el trasiego de mercancías. Como pasó ayer, encuentro alguna porteadora a la que no ha dado tiempo a pasar su última carga hacia Marruecos. Se ha quedado atrapada en el lado español. Está apoyada en un quitamiedos, agotada y con el sudor transparentándole el 'hiyab'. Pronto, con la espalda encorvada, camina de nuevo con dificultad hacia los tornos. La jalona una peste a alcantarillas y a rastro de basura, cartones y plásticos dejados en esta jornada. Desde aquí escucho el quejido de su espalda y el crujido de sus dientes mientras se pierde tras la alambrada, tras esa herida honda que lacera estas tierras " Éste es solamente un fragmento de un artículo publicado en el diario El País el pasado 10 de abril que refleja una realidad que centenares de mujeres marroquíes viven cada día a muy pocos kilómetros de aquí. Ataviadas únicamente con su chilaba y con un 'hiyab' (pañuelo islámico) bien ajustado, como única protección contra el afilado frío del amanecer, se disponen  a realizar un ir y venir de viajes de Marruecos a Melilla, de Melilla a Marruecos,  cargando sobre sus espaldas hasta ochenta kilos de mercancía, cargando sobre sus espaldas el peso  y la responsabilidad de ser, quizás, el único ingreso para la subsistencia de sus familias, y todo ello a costa de su salud. Dejo adjunto el enlace a este artículo de Fernando del Berro y a la estupenda  galería de fotos que recoge el trajín   diario  de las mujeres porteadoras en la frontera de Melilla con Marruecos.


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