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miércoles, 26 de marzo de 2014

Uso sexista del lenguaje

             Hablar en masculino y en femenino, nombrando a ambos sexos, supone utilizar con mayor precisión el lenguaje.Cuando hacemos una descripción en masculino de la realidad, ocultamos una parte de lo que realmente esta pasando. Imagina una situación en la que madres y padres asisten a una reunión del AMPA. La noticia al día siguiente podría ser: “a la reunión de ayer asistieron 20 padres”. O bien podríamos decir “a la reunión de ayer asistieron 18 madres y 2 padres”. En la primera versión es posible que nos imaginemos que los padres son los que han acudido a la reunión; o también podemos imaginar que han acudido padres madres más o menos en la misma proporción. En cualquier caso interpretando el masculino de la mejor manera posible, nos daría una idea de que madres y padres se preocupan de forma más o menos similar de la educación y de que asisten más o menos en la misma proporción y se interesan en la misma medida por las reuniones y sus contenidos. En la segunda versión, en la que se nombra a ambos sexos, se aprecia que madres y padres tienen actitudes muy diferentes con respecto a la labor educativa así como un compromiso desigual con la asociación. En este caso, nombrar a las mujeres es un modo de reconocerles autoridad en esta materia, bajo la constatación de que son “ellas” quienes de forma mayoritaria se están preocupando por la educación de sus hijas e hijos.
              Un profesor puso la siguiente fórmula  en la pizarra al llegar a su clase:

si se considera que m= m + f entonoces f= 0. es decir, si masculino = masculino + femenino. Entonces femenino igual a 0. Fuente: esta es una experiencia narrada por Graciela Hernández que ocurrió en una clase de sociología con el profesor Jesús Ibánez. está recogida en Belén Villar: Proyecto Relaciona. Informes y resumenes. Documento interno del Instituto de la Mujer. Madrid, 2005.

               Esta cita nos demuestra que cuando tratamos de representar a hombres y mujeres con palabras en masculino, realmente estamos dejando de representar a las mujeres. Cuando nombramos a los hombres como si fueran la representación del conjunto de la humanidad, estamos haciendo un  uso androcéntrico del lenguaje. Esta manera de nombrar que da por supuesto que el hombre es el referente de toda experiencia, tiene dos consecuencias: equiparar lo masculino a lo universal e invisibilizar a las mujeres.
                En este sentido os propongo que observéis los cambios que se hayan producido, os animo a que, en vuestra experiencia cotidiana, observéis usos sexistas del lenguaje.   
  
               







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