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jueves, 27 de marzo de 2014

Cambiar las palabras o cambiar la realidad

Adjunto  a continuación un magnífico artículo de Álex Grijelmo, perdiodista  y autor de varios libros sobre el periodismo y el lenguaje: 
http://elpais.com/elpais/2012/04/13/opinion/1334317018_255863.html

Eulogia Merle

Cambiar las palabras o cambiar la realidad


Todas las opiniones difundidas en las últimas semanas relacionadas con el género —suscritas por académicos, especialistas en sexismo, lingüistas o polemistas en general— tienen razón, aun pareciendo enfrentadas.
La discusión existe, creo, porque el problema se aborda desde perspectivas discrepantes, no porque esté sometido a discrepancia el fondo del asunto: la necesidad de eliminar cualquier discriminación, incluida la que propicie el lenguaje.
Por un lado escriben quienes creen que las palabras pueden cambiar la realidad. Y por otro, quienes sostienen que es la realidad la que cambia las palabras. Dicho de una forma más técnica: quienes ponen su punto de mira en los significantes y quienes se fijan más en los significados.
La historia de la lengua nos ha enseñado que esos dos fenómenos transformadores son posibles, si bien el primero (“las palabras cambian la realidad”) suele obtener logros solamente pasajeros; y sin embargo útiles.
Por ejemplo, en los eufemismos se desvanece con los años el efecto perseguido; porque modifican la percepción de la realidad —no tanto la realidad misma—, pero sólo durante un periodo. No por decir “reforma fiscal” desaparece la subida de impuestos; y además al cabo de un tiempo ya todo el mundo sabe lo que significa realmente “reforma fiscal”.
Eso se debe a que el contexto suele afectar al significado de cada vocablo, como ha estudiado la pragmática (Austin, Grice y compañía). Quizás la expresión “los derechos de los españoles y las españolas” se asocie en nuestro contexto a una mera diferencia de sexo en una situación de igualdad jurídica; pero podemos dudar si sucederá lo mismo al decir “los derechos de los saudíes y las saudíes”. Tal vez en este segundo caso el contexto nos haga separar a los saudíes de las saudíes, en la misma estructura gramatical que juntaba a los españoles y a las españolas. Dicho de otro modo: no por ser iguales en el lenguaje somos iguales en la sociedad.
Intentaré explicarme mejor.
La palabra “llave” designó siempre un objeto metálico que sirve para abrir y cerrar las puertas. Sin embargo, en el hotel nos dan una tarjeta de plástico y nos dicen “aquí tiene usted su llave”. Por tanto, ha cambiado la realidad sin que cambie la palabra que la nombra. Siguiendo con el mismo vocablo, no es lo mismo decir “no olvides esa llave” cuando el contexto implica que podemos despistarnos y dejarla sobre la mesa, que “no olvides esa llave” cuando se lo dice el entrenador al yudoca.
Si nuestro contexto específico modifica en cada caso las palabras, es posible por tanto que dejen de parecernos sexistas algunas expresiones cuando haya dejado de serlo la realidad que las enmarca.
Llevado todo esto al problema de la discriminación o la ocultación de la mujer, da la sensación de que las posturas se dividen entre quienes esperan que los cambios sociales modifiquen los significados (como está sucediendo con “mujer pública”, por ejemplo) y quienes prefieren actuar primero y con urgencia sobre los significantes (y elegir “la judicatura” en vez de “los jueces”, o “el profesorado” en vez de “los profesores”).
Hasta hace sólo unos años, en efecto, “mujer pública” era sinónimo de prostituta (frente al significado de “hombre público”). Tal vez no resulte osado sostener ahora que dentro de muy poco nadie hará aquella asociación, habiendo ya casi tantas mujeres como hombres en el desempeño político.
En definitiva, un grupo piensa que se cambiará antes la realidad si se cambian primero las palabras, y el otro cree que cambiar la forma de hablar de millones de personas puede ser incluso menos rápido que cambiar la realidad. Por el contrario, quienes critican esta segunda perspectiva opinan que, así como son necesarias las cuotas para que la mujer ocupe su lugar (y yo estoy a favor de las cuotas), hace falta intervenir en el idioma para acelerar también la igualdad gramatical y social. Y muchas de sus recomendaciones, en efecto, se pueden cumplir sin esfuerzo ni artificio: “los derechos de la persona” en vez de “los derechos del hombre”, por ejemplo.
Ahora bien, tenemos un problema: en tanto que los contextos intervengan en los significados, estamos perdidos si queremos gobernar solamente las palabras.
A la última rueda de prensa de la Moncloa asistieron cerca de treinta periodistas, y nadie pensará al leer esto que se trataba sólo de hombres, porque estamos acostumbrados a ver a muchas mujeres en ese escenario. Pero si alguien dice “diez policías intervinieron en el rescate”, es muy probable que pensemos en diez hombres, porque la policía todavía está formada principalmente por hombres; y sin embargo ninguna de esas palabras del sujeto gramatical tenía marca de género. Y si decimos “al concurso de belleza se presentaron 23 jóvenes” (tomo el ejemplo de Álvaro García Meseguer, autor de varias obras sobre sexismo lingüístico), quien lo escuche habrá pensado en 23 mujeres, porque la mayoría de los concursos de belleza son femeninos.
El día en que los concursos de belleza masculinos sean tan numerosos y mediáticos como los femeninos, la percepción cambiará; y lo mismo ocurrirá, en sentido contrario, cuando en las operaciones policiales intervengan en igual medida mujeres y hombres.
Pero tanto cambian la realidad y el contexto nuestra percepción de los vocablos, que una expresión inclusiva como “mis padres” (nadie habría dudado hasta hace poco que eso incluye al padre y la madre) puede dejar de serlo, y parecer ambigua a medida que se den más casos de hijos con dos padres varones.
No tenemos la forma de calcular si resultará más rápido cambiar los significantes que usan millones de personas o más rápido cambiar esta realidad tan masculina para cambiar así nuestros significados. Por tanto, podemos considerar las dos posturas igualmente bienintencionadas, y pensar que con ambas se puede avanzar hacia el objetivo.
El punto de encuentro parece posible, en definitiva, porque el propósito común es mejorar la realidad. Si partimos de eso y los dos grupos saben escucharse sin prejuicios, el diálogo entre ellos resultará más rico y menos desabrido.


miércoles, 26 de marzo de 2014

Uso sexista del lenguaje

             Hablar en masculino y en femenino, nombrando a ambos sexos, supone utilizar con mayor precisión el lenguaje.Cuando hacemos una descripción en masculino de la realidad, ocultamos una parte de lo que realmente esta pasando. Imagina una situación en la que madres y padres asisten a una reunión del AMPA. La noticia al día siguiente podría ser: “a la reunión de ayer asistieron 20 padres”. O bien podríamos decir “a la reunión de ayer asistieron 18 madres y 2 padres”. En la primera versión es posible que nos imaginemos que los padres son los que han acudido a la reunión; o también podemos imaginar que han acudido padres madres más o menos en la misma proporción. En cualquier caso interpretando el masculino de la mejor manera posible, nos daría una idea de que madres y padres se preocupan de forma más o menos similar de la educación y de que asisten más o menos en la misma proporción y se interesan en la misma medida por las reuniones y sus contenidos. En la segunda versión, en la que se nombra a ambos sexos, se aprecia que madres y padres tienen actitudes muy diferentes con respecto a la labor educativa así como un compromiso desigual con la asociación. En este caso, nombrar a las mujeres es un modo de reconocerles autoridad en esta materia, bajo la constatación de que son “ellas” quienes de forma mayoritaria se están preocupando por la educación de sus hijas e hijos.
              Un profesor puso la siguiente fórmula  en la pizarra al llegar a su clase:

si se considera que m= m + f entonoces f= 0. es decir, si masculino = masculino + femenino. Entonces femenino igual a 0. Fuente: esta es una experiencia narrada por Graciela Hernández que ocurrió en una clase de sociología con el profesor Jesús Ibánez. está recogida en Belén Villar: Proyecto Relaciona. Informes y resumenes. Documento interno del Instituto de la Mujer. Madrid, 2005.

               Esta cita nos demuestra que cuando tratamos de representar a hombres y mujeres con palabras en masculino, realmente estamos dejando de representar a las mujeres. Cuando nombramos a los hombres como si fueran la representación del conjunto de la humanidad, estamos haciendo un  uso androcéntrico del lenguaje. Esta manera de nombrar que da por supuesto que el hombre es el referente de toda experiencia, tiene dos consecuencias: equiparar lo masculino a lo universal e invisibilizar a las mujeres.
                En este sentido os propongo que observéis los cambios que se hayan producido, os animo a que, en vuestra experiencia cotidiana, observéis usos sexistas del lenguaje.   
  
               







domingo, 23 de marzo de 2014

La banda rosa




                   Mujeres es  el espacio que el diario El País reserva en su blog de sociedad para contar las desigualdades de un mundo en el que, en muchos rincones de muchos países, ellas  son el motor de continuas transformaciones  que hacen posible que su condición  como mujeres esté cambiando. Ana Gabriela Rojas nos cuenta la historia de "la banda rosa", un grupo de mujeres, la mayoría pobres y de las castas más bajas, dispuestas a alzar su voz y exigir sus derechos en uno de los estados más pobres de la India, y todo ello a pesar de las limitaciones de una sociedad profundamente patriarcal que intenta silenciar sus reivindicaciones. Os dejo el enlace para que leáis esta interesante historia: 

jueves, 20 de marzo de 2014

Desmontando estereotipos en los personajes de cuentos

       Desde  la coordinación coeducativa del IES Seritium, agradecemos la participación y colaboración de la profesora Noemí González y las alumnas y los alumnos de 3ºD  con la realización de un mural con motivo del día internacional de la mujer. Coeducar consiste en eliminar estereotipos o ideas preconcebidas sobre las características que deben tener las mujeres y los hombres y, actividades como la realizada por el curso 3ºD, posibilita mirar  y leer con  otros ojos muchos de los cuentos con los que hemos crecido. Como material de apoyo  recomiendo el trabajo de Ismael Ramos Jiménez  llamado  Desmontando a Disney. Hacia el cuento coeducativo. Aquí os dejo el enlace donde podéis consultar este  magnífico  material: http://www.juntadeandalucia.es/educacion/webportal/ishare-servlet/content/ee937f43-8b0f-4d42-8752-71cfeb5519b0






miércoles, 19 de marzo de 2014

Una publicidad no sexista

           Los chicos y chicas de 12 a 18 años pueden considerarse, a efectos de consumo, como especialmente vulnerables a los mensajes publicitarios. La sobreexposición mediática incide de forma especial en esta franja poblacional, sobre todo en los aspectos relativos a la percepción de la propia identidad, a la conciencia del propio cuerpo y a su inscripción en el espacio de relación o grupo, aspectos todos ellos esenciales en la formación de la personalidad juvenil que se ven cuanto menos interferidos por las propuestas e influencias de la publicidad. La impronta de los mensajes publicitarios en el imaginario juvenil es de gran calado. Se trata de una influencia que lleva a jóvenes y adolescentes a convivir con unas expectativas de consumo basadas en el presupuesto de que todo es asequible, cuando, en cambio, en el plano de lo real casi todo resulta inalcanzable. Precisamente, para  realizar en el ámbito escolar una lectura crítica de la publicidad, porque desde la comunidad educativa entendemos que es posible hacer un nuevo discurso publicitario, desde la coordinación en materia de coeducación del instituto disponemos de material pedagógico  que está a la disposición de todo el profesorado que quiera usarlo.
       





 Decálogo para Identificar el sexismo en la publicidad
1
Promover modelos que consoliden pautas tradicionalmente fijadas para cada uno de los géneros.
2
Fijar unos estándares de belleza considerados como sinónimo de éxito.
3
Presentar el cuerpo como un espacio de imperfecciones que hay que corregir.
4
Situar a los personajes femeninos en una posición de inferioridad y dependencia.
5
Negar los deseos y voluntades de las mujeres y mostrar como "natural" su adecuación a los deseos y voluntades de los demás.
6
Representar el cuerpo femenino como objeto, esto es, como valor añadido a los atributos de un determinado producto, como su envoltorio en definitiva.
7
Mostrar a las mujeres como incapaces de controlar sus emociones y sus reacciones, "justificando" así las prácticas violentas que se ejercen sobre ellas.
8
Atentar contra la dignidad de las personas o vulnerar los valores y derechos reconocidos en la Constitución.
9
Reflejar de forma errónea la situación real de las mujeres con discapacidad contribuyendo a la no sensibilización necesaria para un tratamiento óptimo de los temas que les afectan.
10
Utilizar un lenguaje que excluya a mujeres, que dificulta su identificación o que las asocie a valoraciones peyorativas

martes, 11 de marzo de 2014

Hebras de una hoguera de María Jesús Fuentes

" Nunca pensé que me pasaría a mí".Con este verso inicial  comienza el sexto libro de María Jesús Fuentes. La obra literaria de esta malacitana,con residencia en Ceuta, es amplia y diversa y viene fraguándose desde hace décadas. En Hebras de una hoguera, su discurso poético se radicaliza con un verso amargo pero cargado de grandes dosis de sinceridad, del que se sirve para reflejar el devenir de una mujer maltratada. La violencia de género, así pues, es el tema central de este libro. En forma de diario, el lector puede percibir cómo el acoso psicológico de los inicios va tornándose en una situación extrema de tensión y peligro físico. Pero, además de desazón, pesar e incomprensión, en el libro el lector puede verse identificado en la voz solidaria de la autora con esta compleja y actual realidad que es la violencia de género.





lunes, 10 de marzo de 2014

La igualdad de la mujer es el progreso de todos


«Los países en los que hay más igualdad de género experimentan un mayor crecimiento económico. Las empresas que cuentan con más líderes mujeres logran mejores rendimientos. Los acuerdos de paz que incluyen a las mujeres son más duraderos. Los parlamentos en los que hay más mujeres aprueban más leyes sobre cuestiones sociales clave como la salud, la educación, la lucha contra la discriminación y la manutención de los niños. Las pruebas no dejan lugar a dudas: la igualdad de la mujer supone progresos para todos.»
Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon

Día Internacional de la Mujer: 8 de marzo



Charla coloquio sobre el acoso escolar

Bajo el título !De aquí no pasas! La familia ante el abuso escolar  se celebró el pasado 19 de febrero en en IES Seritium una charla coloquio organizada por la AMPA del instituto. Fue D. José Antonio Chamizo Román, técnico del Ayuntamiento de Jerez en materia de educación, el que no sólo impartió este coloquio sino también mantuvo un ameno y didáctico encuentro con madres y padres. A lo largo de casi una hora y media  D. José Antonio Chamizo explicó en qué consiste el  acoso escolar y  clarificó el concepto de ciberacoso, dio pautas a las familias  para saber detectarlo y advirtió de los riesgos que podemos encontrar en las redes sociales, riesgos que pueden derivar en diferentes formas de ciberacoso ( cyberbulling, grooming, usurpación de identidad...) Desde aquí agradecer a todas las madres y padres su  asistencia y el interés mostrado.